¨al que vive y permanece para siempre”


CAPÍTULO 14 DEL SIGLO X AL XI D.C



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CAPÍTULO 14

DEL SIGLO X AL XI D.C.

HEREJÍA Y VERDAD
Las persecuciones de los Valdenses son una época notable en los anales de la Iglesia Cristiana. Doquiera ellos fueron esparciendo la semilla de la reformación.
La Palabra de Dios creció y se multiplicó no solamente en los lugares en donde el mismo Waldo las habían plantado, pero sí en más distantes lugares. Jone´s Church History, p. 235.
Concerniente a Biblias, una de las mártires durante la persecución a Lyon y Viena: El hecho que fue compelida a que confesara que los cristianos se comían a sus hijos. En su tortura, resguardándose a sí misma, es decir, despertó como de un sueño, y en sus respuestas a sus interrogantes en forma de reconversión dijo: ¿Como podemos comernos a los niños, nosotros a quiénes nos está prohibido comer la sangre de los animales?. Idem. p. 106.
John Milton, el famoso poeta, como es citado por la historia de la Iglesia por Jones, hace mención Peter Giles, en su historia de los Valdenses, y como los ministros de los Valdenses, aprendieron a comerciar con lo que pudieran sostenerse y predicar el Evangelio, y no ser así carga para la Iglesia, pero nuestros ministros él dice: desprecian usar un trabajo, y lo toman como un reproche que un comerciante predique el evangelio, (Milton continúa como sigue): y esto sería lo deseable que todos ellos fueran negociantes. No podrían entonces hacer el evangelio un negocio, el cual constituye el peor de los negocios.
Mr. Robinson (el connotado historiador) nos da aquí las propias palabras del inquisidor Reinerius, quien describe a los Valdenses dice: Esta es una común opinión entre los Puritanos (cathari) pecaba gravemente aquel hombre que sin querer había matado a un pájaro, desde el más pequeño hasta el más grande; o un cuadrúpedo, de una comadreja a un elefante. Pie de la nota, p. 288 Id.
Ellos pueden decir de memoria una gran parte del Antiguo y del Nuevo Testamento. Desprecian los decretables dichos y exposiciones de hombres santos, y se abren paso solamente al texto de las Escrituras.
Dicen además, que la doctrina de Cristo y sus apóstoles son suficientes para la salvación, sin la ordenanza y estatutos de ninguna Iglesia. Que la tradición de la Iglesia no son mejores que las tradiciones de los fariseos; y que ningún esfuerzo que se haga en la observancia de la tradición humana, se comparará con el guardar la ley de Dios.
¿Por qué ustedes transgresan la Ley de Dios por sus tradiciones? Ellos condenan todas las costumbres eclesiásticas aprobadas pero que ellos no las encuentran en el Evangelio, tales como: Candelaria, el Domingo de Ramos, la Reconciliación, de Penitentes, la Adoración de la Cruz, Viernes Santo. Desprecian así mismo, la fiesta de Pascua Florida y toda otra festividad de Cristo y los santos (instituidos por la Iglesia romana) pudiendo hacerlo sin tener el menor cuidado, y trabajan para esos días santos (para la Iglesia de Roma) y para todo esto no hay mayor necesidad. Se declaran así mismos los sucesores de los apóstoles y con la autoridad apostólica, teniendo las llaves de poder ligar y desatar. Toman a la Iglesia romana, ser la ramera de Babilonia, y todo aquel que le obedece en sus demandas, está condenado, especialmente el Clero que está sujeto a ella desde el tiempo del papa Silvestre.
Ellos sostienen que ninguna de las ordenanzas de la Iglesia que han sido introducidas desde que Cristo ascendió, no deben ser observadas, no siendo de ninguna importancia, las fiestas, ayunos, sacramentos, bendiciones, oficios de la Iglesia y el gustar, lo rechazan totalmente. Eccl. Hist. Of the Ancient Piedmont Church 216, and Lewis Hist. S. And S., p. 211, 212.
Respecto a los Paulicianos: Durante un período de ciento cincuenta años, estas iglesias cristianas parece que fueron el objeto de una incesante persecución, la cual ellos sufrieron con cristiana mansedumbre y paciencia, y si los hechos de martirologio, su predicación y sus vidas fueron registradas distintas.
No veo ninguna razón para dudar que hemos encontrado en ellos a los genuinos sucesores de los cristianos de los primeros siglos. Y en esto, tanto como en los primeros ejemplos de la sangre de esos mártires fueron la semilla de la Iglesia. Una sucesión de Maestros e Iglesias surgieron; y una persona llamada Sergius, quien trabajó entre ellos el ministerio del Evangelio 37 años, es reconocido aún por los viles calumniadores, el haber tenido en él, un cristiano ejemplar.
La persecución tuvo sin embargo alguna tregua, hasta que al fin Teodora, la Emperatriz griega, quien así misma se esforzó más allá de sus predecesores en contra de ellos. Envió inquisidores a través del Asia Menor en busca de estos sectarios, y se calcula haber matado, por medio de la horca, por el fuego y por la espada, unas cien mil personas. Jone´s Church History, p. 187, Ed. 1837.
Información de estas cosas (el ministerio de Valdo) fue llevado al papa Alejandro III, quien había oído antes de aquel procedimiento herético que él anatematizó al reformador y a sus adherentes, mandando al Arzobispo a proceder en contra de ellos con el mayor rigor, Waldo fue compelido a dejar Lyon. Su rebaño en gran número siguió a su pastor; en su consecuencia una dispersión tuvo lugar no diferente a la que surgió en Jerusalem en ocasión de la muerte de Esteban.
El efecto también es semejante. Los principios de Waldo, tomaron profundidad y finalmente raíces que produjeron numerosa cosecha de discípulos, quienes fueron denominados: Leonistas, Vaudois, Albigenses o Waldenses, pero la misma clase de cristianos es designada por estos varios apelativos en sus diferentes campos o partes del mismo país de donde ellos aparecían. Idem. p. 235.
Los siguientes hechos son indispensables: Que el cuerpo general de los Albigenses, recibió la doctrina de Peter Waldo, y que los Valdenses y Albigenses fueron dos ramas de la misma secta. Idem. 242.
Monsierur de Vignaux, cuarenta años de los Valdenses pastor, dice: Nosotros vivimos en paz y armonía, el uno con el otro, tenemos intercambios y relaciones principalmente entre nosotros mismos, no teniendo ninguna mezcla entre nosotros y los miembros de la Iglesia de Roma en el matrimonio, ni de nuestros hijos con las hijas de ellos, ni sus hijos con nuestras hijas.
También Él establece que: Las Sagradas Escrituras contienen todas las cosas necesarias para nuestra salvación, y que somos llamados a creer solamente lo que ellos enseñan sin ningún aditamento de autoridad humana. Que nadie debe recibir nada de nosotros, excepto aquellos que Dios haya mandado. Que no hay más que un mediador entre Dios y los hombres. Idem. p. 764, 765.
CAPÍTULO 15

DEL SIGLO UNDÉCIMO AL DUODÉCIMO D.C.

PETER WALDO
Los Cathari, quienes evidentemente fueron un pueblo de Dios recibieron gran aumento en miembros por la instruida labor y piadoso fervor de Peter Waldo, un opulento mercader de Lyon ya para terminar el siglo doce. Ellos fueron distinguidos gloriosamente por una serie de terribles persecuciones, siendo expuestos como un espectáculo, tanto por el poder de la Divina Gracia, como la malicia y enemistad del mundo contra el real Evangelio de Jesucristo.
Me propongo a representar en una vista conexa la historia de este pueblo hasta un poco después de la Reforma. El Espíritu, doctrina y progreso de los Waldenses (Valdenses en español) será más claramente sobreentendido por este método y que apartándonos un poco de su historia podemos introducir.
Este pueblo fue numeroso en los Valles del Piamonte, de aquí el nombre de Vaudois o Valdenses les fue dado, particularmente a aquellos que habitaban los valles de Luverne y Argorgne. Un error surgió en la disimilitud de nombres, que Peter Waldo o Caldo fue el primer fundador de estas iglesias, de él nombre Vallense, siendo fácilmente cambiado en Valdenses, los romanistas aprovechan este muy fácilmente error, como un argumento contra la antigüedad de estas iglesias y niegan que hayan tenido existencia antes del aparecimiento de Waldo.
Durante los altercados entre papistas y protestantes, esto fue de alguna consecuencia que este asunto fuera establecido correctamente, porque la primera negaba que las doctrinas de última tuvieron existencia hasta los días de Lutero.
Pero para una justa consideración del sujeto, aparece esto que la real doctrina protestante existió durante la edad oscura de la Iglesia, mucho tiempo atrás del tiempo de Waldo.
Poco más o menos en el año 1160, la doctrina de la Trans-substanciación fue requerida por la corte de Roma que tenía que ser reconocida por todo hombre. Esto condujo a la idolatría. Hombres cayeron delante de la consagrada hostia y la adoraron como Dios. La impiedad de esta abominación chocó en la mente de aquellos hombres que no habían perdido el sentido de la verdadera adoración.
La mente de Peter Waldo se despertó para oponerse a tal abominación, esforzándose a una reformación. Un temor de Dios, en unión de un sentido de alarma ante la iniquidad de ese tiempo, le guió a conducir con valor en oposición a la peligrosa corrupción de la Jerarquía. Él abandono su ocupación mercantil, distribuyó sus riquezas entre los pobres, quienes se le congregaron para que guiase sus almas, recibieron la mejor instrucción que él fue capaz de comunicarles y reverentes a aquel nombre de cuya liberalidad ellos participaban, mientras que los grandes y los ricos, ambos les despreciaban.
Un hombre secular semejante a Valdo necesitaba la instrucción, pero ¿dónde la iba a hallar en un tiempo de declinación general hacia la ignorancia? Él sabía que las Escrituras fueron dadas por guías infalibles y anheladas por aquellas fuentes de instrucción, el cual en aquel tiempo en gran medida fue un libro sellado en el mundo cristiano. A los hombres que entendían la lengua latina les era accesible. Pero, cuán pocos eran estos comparados con la mayor parte de la humanidad.
La Biblia Vulgata Latina, era la única edición del Sagrado libro por este tiempo de Europa, y las lenguas entonces en uso común, el Francés y otras, no obstante mezclados 2 con el latín, fueron particularmente, hablando en este tiempo separados y distintos al latín.
Por lo que parece que el mundo cristiano bajo la providencia estuvo endeudado a Waldo, por la primera traducción de la Biblia, a una lengua moderna; ninguna fatiga fue tomada por aquellos que fueron atacados por el sistema papal. A difundir el conocimiento bíblico entre el pueblo. La tentativa benevolente de esparcir el pan de vida entre el común pueblo, por medio de darles las Escrituras en su propia lengua. Si aceptamos el único ejemplo de la Versión Eslava fue pura y exclusivamente de origen protestante.
Conforme Waldo fue más enterado con las Escrituras, vio que la práctica general de los cristianos nominales era totalmente opuesto a la doctrina del Nuevo Testamento, y en particular, que un mundo de costumbres las que el mundo tenía en reverencia, no solamente carecían de fundamento en los Oráculos Divinos, sino que también eran condenados por ellos.
Inflamado por igual fervor y caridad, libremente condenó los vicios reinantes, la arrogancia del Papa. Hizo algo más, como avanzada en el conocimiento de la verdadera fe y amor de Cristo, enseñó a sus vecinos la principal de la práctica de la Santidad alentándoles a obtener salvación mediante Jesucristo.
John de Bekes Mayons, Arzobispo de Lyon, un miembro distinguido del sistema corrupto, prohibió al nuevo reformador a enseñar más so pena de excomunicación, y de seguirle proceso en su contra como un hereje. Waldo replicó, que aunque él era tenido como un simple lego, con todo, él no podía callar en un asunto que concernía a la salvación de los hombres, ante esto, el Arzobispo trató de aprehenderlo, pero el gran afecto de los amigos de Waldo, y la influencia de sus relaciones, quienes eran personas de rango, el reconocimiento universal en pago de su probidad y piedad, y la convicción que a no dudar muchos sentían que las extraordinarias circunstancias justificaban la suposición de su carácter pastoral, todas estas cosas operaron fuertemente en su favor, sin embargo, él vivió tres años oculto en Lyon.
El Papa Alejando III, habiendo oído del proceder de Waldo le anatematizó lo mismo que a sus adherentes, y ordenó al Arzobispo que procediera contra él con el mayor rigor.
Waldo huyó de Lyon y sus discípulos le siguieron. Por esta dispersión la doctrina de Waldo fue diseminada a gran distancia a través de Europa.
En el Delfinado, a donde él se retiró, sus credos tomaron una verdadera y profunda raíz. Algunos de ese pueblo, es muy probable que se hayan unido por propio deseo a los moradores de los valles en el Piamonte, y la nueva traducción de la Biblia fue sin ninguna duda rica ascensión a la riqueza espiritual de aquel pueblo. A lo que parece el mismo Waldo nunca estuvo entre ellos. Perseguido de lugar en lugar, se retiró a Picardia, atendió con éxito sus labores; y las doctrinas las cuales él predicaba, aparecen perfectamente armonizada con aquellos de los moradores de los Valles (Vaudois) de allí que más adelante fueron considerados a ambos como a un mismo pueblo.
Sustentar y alentar a la Iglesia no formaba parte de la gloria de los grandes y principales sabios de la época. Felipe Augusto, uno de los más prudentes y sagaces príncipes que siempre ha visto Francia, fue esclavizado por el dios de este mundo. Él levantó las armas en contra de los Valdenses ubicados en Picardía, botó 300 casas pertenecientes a aquellos que resistieron a su partido, destruyó algunas murallas de aquel pueblo y echó a sus habitantes hacia Flandes.
No satisfecho con esto, los persiguió más allá y causó que muchos de ellos fueran quemados. Parece que en este tiempo, Waldo huyó hacia Germania y al final asentó en Bohemia, en donde terminó sus días por el año 1179. Él apareció para ser uno de quien el mundo no era digno y para volver a muchos a la justicia y a la virtud.
La Palabra de Dios creció entonces y se multiplicó. El Alsacia y a lo largo del Rhin el Evangelio fue predicado con poderosa efusión del Espíritu Santo; siguió la persecución y 35 ciudadanos de Nantz fueron quemados en su misma hoguera, en la ciudad de Binguen, y en Mentz 18 personas. En aquellas persecuciones, el Obispo de Mentz estuvo muy activo, y el Obispo de Strasburgo no fue inferior a él en ardor vengativo; pues, por su medio 80 personas fueron quemadas en aquel lugar.
Todo relata que los Valdenses, revivieron las escenas de la Iglesia primitiva. Numerosos murieron alabando a Dios y en plena confianza de una bendita resurrección; por consiguiente la sangre de los mártires vino otra vez a ser la semilla de la Iglesia; y el Bulgaria, Croacia, Dalmacia y en Hungría, muchas iglesias fueron plantadas las cuales florecieron en el siglo trece, gobernado por Bartolomé, un nativo de Carcassone, una ciudad no lejos de Toulouse, la que bien podía llamarse en aquellos días, la capital de los Valdenses de acuerdo con el número de quienes allí profesaban la fe evangélica; en Bohemia y en la región de Passan se calcula que las iglesias formaron en la primera parte del siglo catorce, un promedio de ochenta mil profesos. Casi a través de toda Europa fueron hallados Valdenses, y sin embargo fueron tratados como la haz de la tierra, y un pueblo con quien se unió la sabiduría de este mundo. Pero, los testigos continuaron su profecía en sacos de silicio; y almas fueron edificadas en la fe, esperanza y caridad del Evangelio. Towsend´s Abridgement, p. 405, 409.
LA IGLESIA DE DIOS VALDENSE
Durante el siglo doce, el trabajo de la Iglesia de Dios, fue conocida por el mundo como los “Valdenses” esto fue como los mejores días de los apóstoles. Hábiles hombres surgieron a la dirección del pueblo de Dios en el desierto, y mucho incremento se hizo en ganar las almas del paganismo católico romano de la edad oscura. En varias regiones, este pueblo fue conocido por muchos nombres que nunca fueron conocidos por el Pueblo de Dios.
Los más predominantes nombres que la historia nos ha traído son: Waldenses, Catharis, Albigenses, pero el mismo pueblo objetó aquellos nombres que los hombres les ponían.
De un trabajo de E. Comba, la biblioteca londinense Guiad may damos lo siguiente: Los Valdenses objetaron ser llamados así después de Peter Waldo, ellos enseñaron esto: nosotros no somos más que un pequeño rebaño cristiano, falsamente llamado Valdenses. Más adelante añade “Estamos orgullosos de nuestro trabajo” y reprochaban al clero romano de ociosidad.
Los enemigos de la Iglesia, así como otros que no entendían atribuían el origen de los Valdenses, también conocidos por otros nombres, al tiempo de Peter Waldo, el predicador director de su tiempo; pero una cuidadosa investigación nos revelará que los así llamados Valdenses, fueron un pueblo totalmente separado de Roma y que existió mucho antes al Ministerio de Waldo.
Más adelante, el Concilio Provincial de Toulouse en 1119, y el de Lombez en 1886 y el concilio general de Lateral en 1139 y 1179, no fueron condenados como Albigenses, aunque sí como heréticos; y cuando ellos les particularizaron, entonces les denominaron como “Bons Homet´s” (que quiera decir buenos hombres) Catharis, Paterini, Publicani, etc..., lo cual nos prueba que ellos existieron antes que generalmente se les conociera como Albigenses.
También esto es probado por sus libros, que ellos existieron como Valdenses antes de los tiempos de Peter Waldo, quien predicó por el año de 1160. Perrin, quien escribió la historia de ellos, tuvo en su posesión un Nuevo Testamento en la lengua Valdense escrito es pergamino en una antiquísima letra, y un libro intitulado en su propia lengua “Quai Cosa Sia L´Anti Christ? Esto es: ¿Qué es anti-Cristo? Bajo la fecha del año 1120, que nos trae 20 años antes que Waldo viniera al mundo. Y otro libro intitulado “The Noble Lesson” es fechado el año 1100 D.C. Jone´s Church History, p. 232, Ed. 1837.
De estos verdaderos siervos de Dios, Milner nos trae el siguiente testimonio: En este siglo (XII) hubo allí muchos opositores a la reinante idolatría y supersticiones de la reinante Roma, quien fue dominada por sus enemigos, Cathari; ellos (los romanos) como los poseedores mundanales, fueron en tales circunstancias, y por lo general mecánicos. Cologne, Flandes el sur de Francia, Savoya y Milán fueron sus principales lugares de residencia.
Estos aparecieron para ocupar un lugar, en su sencillez y modestia, los inocentes pero industriosas sectas de cristianos, condenado con sus modales y doctrina el completo aparato al estilo idolátrico y supersticioso, estableciendo en su lugar la verdadera religión en la fe y el amor de Cristo, y reteniendo una suprema observancia a la Palabra Divina. Parece que tuvieron en su pública adoración mucho en la misma forma como los apóstoles fueron en la Iglesia Judía, mientras existieron, mantuvieron en común una unión entre ellos mismos en sus cultos, y en escuchar los sermones que los alejaban tanto de la iniquidad de esos tiempos como les fuera permitido.
Este pueblo continuó en su estado de extrema persecución a través de este siglo, Berbardo, quien parece haber sido muy mal informado concerniente a ellos, hace resaltar que ellos no tuvieron un padre particular de su herejía, y les condenó con todo respecto pues ellos se opusieron a la más alta demanda y supersticiones de la Iglesia de Roma. No podemos, como sea hallar porqué él siempre se opuso a aquella visible piedad. Towsend´s Abridgment, p. 396, 397.
Notemos que Milner dice: que Bernardo no conoció el padre particular de su herejía. Mr. Jones nos da la opinión propia de Saccho como sigue: Los enemigos de ellos confirman su gran antigüedad Reinerius Saccho, un inquisidor y uno de sus más crueles perseguidores, quien vivió solamente ochenta años después de Waldo (1160 D.C.) admite que Gretser el Jesuita, quien así mismo escribió contra los Waldenses, y quien ha examinado el sujeto plenamente, no solamente admite su gran antigüedad sino que declara su firme creencia que los Toulousianos (tolosos) y Albigenses, no fueron otros que los mismos Valdenses. Jone´s History of the Church. Vol. 2, Chap. 5, Sec. 1.
Concerniente a los Valdenses, de acuerdo con el sacerdote romano Everiinusm, por el año 1140, ellos dicen que la Iglesia solamente se encuentra entre ellos, porque sólo ellos siguen las huellas de Cristo e imitan a los apóstoles, no buscando las ganancias de este mundo ni poseyendo propiedades terrenas, siguiendo el ejemplo de Cristo, quien fue perfectamente pobre, ni permitió que sus discípulos poseyeran ninguna cosa. Tengo el deber de informarle, también que aquellos que de ellos se vuelven a nuestra Iglesia (romana) nos han dicho que cuentan con gran número de esa persuasión esparcidos casi por dondequiera y que ellos cuentan con gran número entre nuestro clérigos y aún entre los monjes. Y por aquellos que fueron quemados, ellos, en defensa lo hicieron por ellos mismos, así mismo, nos dijeron que esa herejía ha estado escondida desde los tiempos de los mártires, y que han existido en Grecia y en otros países. Idem. p. 210-211.
Este pueblo de Dios, entonces, como en todas las edades de la Iglesia entendemos que las profecías son aplicadas a ellos mismos, así mismo, entendemos que fueron preservados por Jehová Dios en el desierto hasta que el tiempo de la persecución fue cumplida.
Un célebre líder entre los Valdenses y Albigenses, Arder Jochim de Calabria, el año 1190, cuando conversaba con Ricardo Corazón de León dijo: Ciertas naciones malvadas llamadas Gog y Magog se levantarán para destruir a la Iglesia de Dios y subvertir en un futuro la especie cristiana, pero entonces vendrá el día del juicio. Él dice que Juan habla de las Iglesias, que la Iglesia huyó al desierto en donde tiene un lugar preparado por Dios, y que allí la mantendría por mil doscientos y sesenta días.
Los antiguos Valdenses, sostenían que dotar Iglesias del Estado, es fundar una cosa mala y que la Iglesia entonces cae y viene a ser la ramera, sentada sobre la bestia mencionada en el libro de Revelación, tal como cuando recibió donaciones temporales bajo el papa Silvestre. Idem. p. 266.
La verdadera Iglesia, el tiempo en que fue combatida por Roma, fue respetada por el pueblo entre quienes habitó. Su doctrina fue escritural, y las vidas de quienes formaban su pueblo, fue sin defecto en aquella edad de oscuridad.
En la Enciclopedia Metropolitana, Biblioteca de Londres, en la pág. 653, hablando de los heréticos dice: De todas las sectas en este siglo (el doce) la que por la pureza de sus doctrinas y por la capacidad de sus líderes, no hubo quien superase a los Valdenses.
De nación a nación huyeron los Valdenses, y nunca estuvieron seguros ante la implacable ira de los esbirros de Roma, el anatema del papa y edictos de los reyes repentinamente fueron lanzados en contra de ellos, de quienes lo siguiente será suficiente para mostrar la furia de Roma, contra los Santos de Dios.
Por cuanto como a Dios le ha placido colocarnos (la Iglesia de Roma) sobre su pueblo, nosotros, mandamos y ordenamos que los Valdenses, insabbati, quienes de otra manera son llamados “Los pobres de Lyon” y todos los otros heréticos, que no son aquí nombrados, son excomulgados de la Santa Iglesia, a echarlos fuera de nuestros reinos, y de nuestros dominios. Cualquiera, por lo tanto, desde este día en adelante que se presuma recibir el dicho de los Valdenses y de los Inzabbati, o cualquier otra herejía, de cualquier profesión en sus casas, o bien, estar presentes a sus perniciosos sermones, o asistir a una de sus reuniones, o comer con ellos, o hacer cualquier favor, incurrirá a la indignación del Dios Altísimo. Edict of idefonsus, King of Aragón, Erais, in the year 1194. From Pegna´s “Directory of the Inquisitions” in Jone´s Church History. P. 237.
ALGUNOS HECHOS NOTABLES
Justamente estamos aquí para la vindicación de la demanda, la cual este pueblo hace al honorable carácter de la Iglesia de Dios. En los tiempos de la gran declinación, a cualquiera puede el Espíritu de Dios, guiar para revivir la verdadera religión, necesariamente expuesto el mismo a los envidiosos cargos de arrogancia carentes benevolencia y presuntuosos. Por condenar a todos los demás ese individuo provoca al resto del mundo a juzgar e investigar sus faltas. Esta desventaja tuvieron los Valdenses en común con otros reformadores, tuvieron también ciertas desventajas, muy propias en ellos.
Poder, conocimiento, y aprendiendo donde casi enteramente en las propias manos de sus adversarios, fue entonces muy particularmente, el Dios Altísimo escogió lo vil y necio del mundo para confundir a los sabios.
Como ellos fueron, en su mayor parte, gente sencilla y sin letras, su preparación no se debió a Sacerdotes o Ministros instruidos, ni a razonadores profundos, ni a historiadores capacitados. De allí que la demanda de su vindicación, en cuanto a carácter de la verdadera Iglesia, más bien debe ser por la santidad de sus vidas y la paciencia con que soportaron sus sufrimientos.
Reinerius, el cruel inquisidor, reconoce que los Valdenses leían frecuentemente las Escrituras Sagradas, y en sus predicaciones citan las palabras de Cristo y sus apóstoles, concerniente al amor, humildad y otras virtudes de manera que las mujeres que oían de ellos se extasiaban de aquel sonido. El dice más adelante que ellos enseñaron a los hombres a vivir, por las palabras del Evangelio y de los apóstoles, llevando una vida religiosa y que sus manera fueron sazonadas con gracia, sus palabras prudentes, que ellos disertaban de las cosas divinas y que tenían por lo tanto que ser estimados por los hombres.
El observa además que enseñan a sus hijos y a sus familiares las Epístolas y los Evangelios. Claudio, Obispo de Turín escribió un trabajo en contra de sus doctrinas, en el que cándidamente hace ver que eran, que así mismo eran inculpables, e irreprochables entre los hombres, y que ellos observaban los Mandamientos de Dios con todas sus fuerzas.
Jacob de Ribeira dice: que él ha visto a campesinos de entre ellos recitar el libro de Job de memoria, y varios otros quienes podían repetir completamente el Nuevo Testamento.
El obispo de Cavaillon una vez obligó a un monje doctrinador a que entrase a una conferencia con ellos y que pudieran ellos ser convictos de sus errores, y la efusión de sangre pudiera ser prevenida esto ocurrió durante una gran persecución en 1540, en Meridol y Provence. Pero el monje regresó confuso, sabiendo que nunca había tenido el conocimiento entero de las Escrituras, como aquel que obtuvo en aquellos pocos días que estuvo entre ellos, en los que tuvo conferencias con los herejes. Como sea el obispo entre ellos un número de jóvenes doctores, quienes habían recién egresado de la Sorbona de París, la cual era reconocida por su teológica sutileza.
Uno de ellos abiertamente apropió que llegó a entender más de las doctrinas de salvación de las respuestas de un pequeño niño en su catecismo, que por todas las disputas que él había oído. Este era el testimonio de Vesembecius en su oración concerniente a los Valdenses. El mismo autor nos informa más adelante que Luis XII importunado por las calumnias de sus informadores envió a dos responsables personas al interior de Provence para que inquieran al respecto.
Estos reportaron, que visitando sus parroquias, y templos no hallaron imágenes ni ceremonias romanas, y que tampoco encontraron señales de los crímenes de que se les acusaba: que el sábado era estrictamente observado; que los niños eran bautizados de acuerdo a las reglas de la Primitiva Iglesia, eran además instruidos de conformidad a los artículos de la Fe Cristiana y en los mandamientos de Dios, habiendo oído el reporte de Lewis declaró con una imprecación: Ellos son mejores que yo mismo, o mi pueblo.
Añadiremos aquí el testimonio del gran historiador Thuanus verdadero enemigo de los Valdenses aunque cándido y claro. Él describe uno de los valles habitado por este pueblo en Delfinado que es llamado el Valle de las Piedras. Sus vestiduras dice, son de pieles de ovejas, no tiene lino y habitan en siete villas, sus casas son construidas de pedernal con una azotea cubierta de lodo, viniendo a ser dañada o desprendida por la lluvia, sin embargo la vuelven a reparar con un rodillo.
En estas viven con su ganado, separados únicamente por una valla, cerca tienen dos cuevas, reservadas para propósitos particulares, en una de ellas esconden sus ganados y en la otra se guarecen ellos cuando son atacados por sus enemigos. Viven de la leche y del venado, siendo por la constante práctica excelentes tiradores.
Pobres como son ellos, están contentos. Una cosa sorprendente, que personas exteriormente incultos y rudos, tuviesen una moral tan altamente cultivada, todos ellos podían leer y escribir, tienen conocimiento del Francés, pero tan lejos como sea necesario, y solo para el conocimiento de la Biblia y para el canto de los Salmos. Usted, escasamente podría hallar entre ellos, un muchacho que no pueda inteligentemente cantar de la fe que profesan, en esto, en verdad se parecen a sus hermanos de los otros valles, pagan sus atributos de buena conciencia, y la obligación de sus deudas, es una particularidad notada en la confesión de su fe. Si por alguna razón de guerra civil ellos están prevenidos para esto; ponen aparte la suma de sus impuestos, y en la primera oportunidad se la depositan al colector de impuestos del Rey.
Francisco I, sucesor de Luis XII al inquirir el siguiente informe a los Valdenses de Merindol, y de otros lugares vecinos; que especialmente se trataba de un pueblo laborioso; quienes vinieron de Piamonte para habitar en Provence, hacía 200 años; y que ellos mejoran mucho al país por medio de sus industrias y a sus maneras, eran excelentes que eran honestos liberales, hospitalarios y humanos, y que fueron distintos a otro en esto; que no podían soportar el sonido de blasfemia, o mencionar al diablo o a cualquier juramente, excepto sólo en ocasiones muy solemnes, y que si por casualidad o circunstancias tenía que caer en la compañía en donde se hablara de lujuria o blasfemia, inmediatamente abandonaban aquel lugar. Así fue el testimonio que de su carácter dieron sus enemigos.
Lutero, quien sabía esto, una vez tuvo prejuicio en contra de ellos, testifica que tuvo conocimiento por sus confesiones y escritos, que ellos tuvieron por edades el uso singularmente experta en las Escrituras, él (Lutero) se recogió y dio gracias a Dios por hallar en ellos quienes les capacitaron a la Reforma y los Valdenses, ver y conocerse cada uno y él como hermanos.
Por la confesión general de los romanistas, aparece que los protestantes y los Valdenses, fueron vistos como sostenedores de los mismos principios. Las Iglesias del Piamonte, como sea, fueron tomando en cuenta superior su antigüedad, considerados como los guías de los demás.
De las orillas de España, a través del Sur de Francia, en la mayor parte entre y bajo los Alpes, a lo lejos del Rhin, a ambos lados de su curso, así como en Bohemia, millares de almas piadosas fueron vistas pacientemente sufrir persecuciones por causa de Cristo, contra quienes no tuvieron ningún mal que decir, excepto que tuvieron que admitir la más satisfactoria refutación, hombres distinguidos por cada virtud, siendo odiados únicamente por causa de su santidad. Perseguidos con una causa conocida, esta porque sus virtudes, ellos fueron enemigos más poderosos de la Iglesia, pero, ¿de qué Iglesia? De esta: la que en el siglo trece y largo tiempo atrás se pudo identificar así misma ser anticristiana. Cuan fiel es la promesa de Dios de sostener y mantener una Iglesia aún en los tiempos de mayor oscuridad. Pero su indumentaria frecuentemente es el silicio, y su pan externo el pan de aflicción doquiera, mientras ella habita en la tierra.
Los Valdenses concientemente fueron obedientes a los Gobiernos establecidos, y su separación de una iglesia tan corrupta como fue la de Roma, fue en ellos solamente una causa de necesidad. Veremos en seguida lo que ellos fueron en cuanto a disciplina y puntos doctrinales.
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