¨al que vive y permanece para siempre”



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JULIÁN EL APÓSTATA
En el año 361 D.C. Julian el apóstata, obtuvo posición del Imperio Romano entero. Él fue educado en la religión cristiana, pero tornose atrás e hizo cada intento posible para privar al clero de sus privilegios y desacreditó la proclama de la Iglesia en cuanto a la divinidad de las santas escrituras.
Mostró mucha parcialidad a los judíos, a quienes les concedió el privilegio de reedificar el templo de Jerusalem, con el fin de contradecir y falsear las predicciones de las Escrituras. Esto lo intentaron los judíos, pero fueron obligados a desistir antes de haber puesto los fundamentos, pues bolas de fuego fueron alzadas de la tierra, seguidas de una gran explosión y un terremoto, que dispersó tanto a los materiales recolectados como a los trabajadores. Wharey´s Church History, p. 53.
LA VERDADERA IGLESIA
El tipo de cristianismo que primero fue favorecido, fue aquel que surgió del literato de Constantino, este fue el del Papado Romano. Pero no fue este el tipo de cristianismo que primero penetró en Siria, Norte de Italia, sur de Francia y Gran Bretaña, los antiguos registros de los primeros cristianos en aquellas partes descubren un cristianismo que no es romano sino apostólico. Estas tierras fueron primeramente penetradas por misioneros, no procedentes de Roma, pero sí de Palestina y Asia Menor.
El Nuevo Testamento en griego, el texto que recibieron con el cual fueron enseñados o sus traducciones, y fueron del tipo de los que sacaron las biblias protestantes así como las del Rey Santiago en el inglés y la Luterana en Alemán. Dr. T. V. Moore, the Culdee Church, cap. 3 y 4 y Wilkinson our Authorized Bible Vindicated, pp. 25, 26.
En medio de todo el tumulto y alteración causada por los Obispos ambiciosos, cada uno tratando de ganar ascendencia sobre los otros, allí habitó un pueblo intacto de las mundanalidades de la iglesia apóstata, esta fue la verdadera Iglesia de Dios, conocida, esto es cierto, en varios nombres, hechos por los hombres, pero dentro de ellos mismos reteniendo el verdadero nombre y la pura e inadulterable doctrina defendida por los mismos discípulos del primer siglo. El presidente Edwards dice de este pueblo, más tarde llamado Valdenses, Puritanos, etc...
Algunos de los escritores papistas así mismo reconocen y admiten que este pueblo jamás se sometió a la Iglesia Romana, uno de esos escritores papistas hablando de los Valdenses dice: “La herejía de los Valdenses, es la más antigua herejía del mundo”. Se supone que el lugar a donde ellos se trasladaron escogidos por ellos mismos fue entre las montañas, en donde existieron antes de Constantino el Grande, y así la mujer huyó al desierto, delante de la cara de la serpiente.
(Apoc. 12:6, 14). Y a la mujer le fueron dadas dos alas de una grande águila para que volara al desierto, a su lugar en donde ella es mantenida por un tiempo, y tiempos y la mitad de un tiempo de la faz de la serpiente”.
Siendo el pueblo asentado allí, su posteridad continuó en aquel mismo sitio de edad a edad; y siendo como fue por paredes naturales tan buenas como por la misericordia de Dios, separados del resto del mundo, de tal manera que ellos jamás participaron de aquella sobreabundante corrupción. Edward´s Hist. Of Redemtion, Period 3, part. 4, sec. 2
El siguiente esbozo histórico, nos dice de un cuerpo de creyentes quien huyó fuera de Judea, al final del siglo cuarto y quienes por su fe fueron evidentemente la Iglesia de Dios.
El obispo de Ely los nombra también como un cuerpo de guardadores del sábado, cuya herejía fue condenada por la Iglesia (romana). El eminente Joseph Binghan M.A., da la siguiente cuenta de ellos: “Allí estuvo obra secta Hypsistariana”, esto es adoradores del Dios Altísimo, quienes su adoración como los judíos, solamente a una persona, y ellos observaban sus sábados y hacían distinción en sus carnes limpias e inmundas, enseñando que no debían ser circuncidados, como Gregorio Nazianzeno, cuyo padre fue uno de esta secta, de la cuenta de ellos “Antiquities of the Christian Church, Book 16, Sec. 2.
Nada extraño tiene que la Iglesia, la cual huyó de Judea a la palabra de Cristo, retuvieron por largo tiempo el sábado, así como aparece que ellos lo hacían al final del cuarto siglo. Morer hace mención de estos guardadores del sábado en el siguiente lenguaje: “Por este mismo tiempo fueron los Hypsistaris, quienes cerraron con esto, como a lo concerniente al sábado, con todo, de ningún modo quisieron aceptar la circuncisión, teniéndola como un pleno testimonio de antigua esclavitud. Todos estos fueron tenidos por heréticos y adjudicados así por la iglesia Católica.
Aunque su sinceridad e industria fue así como ganando entonces un considerable fundamento en el mundo cristiano. Dialogues on the Lord´s Day, p. 67.
Gradualmente el primer día de la semana vino a tener prominencia como un día agregado, pero finalmente por una ley eclesiástica y civil, como una observancia requerida. La primera legislación con este objeto fue la famosa ley de Constantino, decretado en el año 321 D.C.
Los hechos de varios concilios durante los siglos cuarto y quinto, establecieron la observancia del primer día de la semana por la autoridad eclesiástica de la Iglesia Católica Romana y en la gran apostasía que le siguió, el día rival (domingo) observó su ascendencia.
Durante los siglos que le siguieron, como sea, ellos fueron siempre testigos del verdadero día de descanso (sábado) aunque bajo gran persecución. Y de esta manera en varias tierras, el conocimiento del verdadero sábado ha sido preservado. Wharey´s Church History, p. 37 Presbiterian.
CAPÍTULO 8

DEL SIGLO CUARTO AL QUINTO SIGLO D.C.

De Obispo a Papa
En los principios del siglo quinto, Vigilantius, un instruido y eminente presbítero de una Iglesia Cristiana, tomó su pluma para oponerse a las nacientes supersticiones. Su libro, el que desafortunadamente se ha perdido, fue dirigido contra la institución de los monjes, y el celibato del clero, el ruego por los muertos y a los mártires adorando sus reliquias, celebrando sus vigilias y encendiéndoles candelas después a la manera de los paganos.
Jerónimo, estimado como una luminaria de la Iglesia Católica, quien fue uno de los más celosos defensores para los ritos supersticiosos, tomándose la tarea de refutar a VIGILANTIUS, a quien en forma cortés llámanle un hereje blasfemo, comparándole con Hydra, a Cerbero, el Centauro y considerándole únicamente como órgano del demonio.
Como quiera que sea, nos proporciona con toda particularidad los artículos de herejía en las propias palabras de Vigilantes, las cuales son como sigue:
“El honor pagado a los restos de descomposición y el polvo de los santos y mártires para adorarles, besarlos envolviéndolos en seda y guardándolos en vasos de oro hospedándolos en sus iglesias, e iluminándoles con candelas de cera en frente a tales reliquias, según la manera de los paganos, fue la bandera de la idolatría. Eso del celibato de los clérigos fue una herejía, y sus votos de castidad el semillero de lujuria. Que el rogar por los difuntos o bendecir, los ruegos de los ya difuntos, fue una pura superstición. Pues las almas de los santos y mártires ya fallecidos, fueron a descansar a un lugar particular desde donde ellos no pueden moverse así mismos a su voluntad, así como estar presentes donde quiera que les rogara de parte de los adoradores. Que los sepulcros de los mártires no debían ser adorados ni sus ayunos y vigilias observados, y finalmente que las señales y milagros que dicen ser hechos por sus reliquias o sus sepulcros, no sirven para ningún buen propósito de la religión. Jones Church History, p. 169
En Asia y Europa hubo considerablemente más de cien obispos, los que presidían sobre tantas ciudades y distritos siendo todos sujetos al Obispo Presidente sobre su Distrito respectivo tanto de oriente como de occidente, y de conformidad a su situación. Constantinopla en el Este y Roma en el Oeste.
Además de la rivalidad y el clamor por el poder en la controversia religiosa entre los dos Obispos o Papas, muchos de los dignatarios menores, también asumieron poder sobre otros, y muchas doctrinas no escriturales y estrambóticas surgieron, apresurando de esta manera su caída.
Muy pronto, después que Constantino Emperador de la Roma imperial abrazó el cristianismo, el Obispo de Roma estando localizado cerca del trono imperial, fue recibido naturalmente dentro del favor imperial, como el prelado que presidía sobre los otros obispos. El obispo de Roma pronto ocupó la cabeza del orden clerical, como obispo superior y él mantuvo su demanda de superioridad mediante inmenso esplendor y magnificencia.
Su autoridad antes de cerrarse el siglo cuarto, tuvo un formidable rival en el Obispo de Constantinopla, quien en un Concilio en esta ciudad fue colocado como obispo de segunda clase en el rango clerical.
Fuera de la Iglesia romana hubo varias sectas durante el siglo cuarto. Orchard dice: “No debe ser olvidado que allí hubieron iglesias más o menos extensas a través del África, además de los Donatistas y conocidos como los Manicheanos, Montanistas, Novationistas y otros cuya moral fue mucho más allá y más excelente que la de ellos (la iglesia romana). Así lo dice san Agustín, pero todos ellos fueron heréticos a su vista y objeto de su más virulenta animosidad. Baptist History, p. 97.
Este autor continúa, los innumerables cristianos del Este, quienes no estuvieron en comunión ni con la griega, ni con la Iglesia de Roma, tal vez divididos en dos clases, la primera consiste de los que en épocas pasadas rehusaron adhesión a la iglesia griega, y formaron una jerarquía similar la cual sin embargo subsistió independiente de una u otra tan buena como de las comunidades griegas y romanas. La segunda clase consiste en aquella que nunca fue de ninguna jerarquía, y que siempre tiene conservada su libertad original.
El número en oriente es muy grande, pues vivieron todas dispersas sobre Siria, Arabia, Egipto, Persia, Nubia, Etiopía, India, Tartaria, y en otros campos del oriente. Esto es considerable dice Robinson. Aunque ellos se diferencias de la manera de los europeos en puntos especulativos de la divinidad. Sin embargo todos ellos administraron el bautismo por inmersión y no hay ningún registro de lo contrario. Idem. Pág. 112.
Los Messalianos o Euchites, el primero es un término hebreo y el segundo griego, y que significa “Un pueblo orando” tuvo en Grecia una muy temprana existencia. Este pueblo parecido a todos los otros distantes, son reprochados con el sello de la herejía, la moralidad de este pueblo fue severa y cautivando a lo simple, pero su disciplina y culto, ambos son reprochados, frecuentemente fueron denominados con el nombre donde habitaron, otros fueron llamados después con el nombre de sus maestros, el término Euchites entre los griegos fue un nombre general para los “disidentes” como los Valdenses fueron en la Iglesia latina y Nonconformistas en Inglaterra. Este largo cuerpo de disidentes fue residente en el imperio desde el estable cimiento en sus principios de la cristiandad, hasta su destrucción en el siglo XIII. Id. 113.
Entre estos disidentes bajo diferentes nombre conocidos, allí estuvo también la Iglesia de Dios muy a pesar de todo sosteniendo la verdadera fe, observando que el sábado aún la ley de Dios, también como la fe de Jesús sin adulterarla.
De el sábado y el primer día (domingo) es este siglo de la Iglesia, Coleman habla como sigue: “El último día de la semana fue estrictamente guardado en conexión con este primer día por un largo tiempo después de la destrucción del templo y de su culto. Así bajo el siglo quinto, la observancia del sábado judaico fue continuado en la Iglesia Cristiana, pero en rigor y solemnidad decreciente”. Ancient Christianity Exemplified, Chap. 26, sec. 2.
Esto, naturalmente aplicado a las sectas, y a la Iglesia Romana especialmente; pero, como más adelante probaremos, demostraremos que la verdadera Iglesia de Dios, nunca quebrantó el sábado, ni lo observó con menos fervor.
Coleman continúa: “Durante las edades tempranas de la Iglesia, esto (el primer día) nunca fue intitulado “el sábado”, esta palabra fue confinada exclusivamente al día séptimo de la semana, el sábado de los judíos, el cual, como ya hemos dicho, continuó siendo observado por varios siglos por los convertidos al cristianismo”. Idem. Chap. 26, sec. 2.
Este hecho en realidad, amplía con toda claridad, por el siguiente lenguaje, por el cual los historiadores admiten, al domingo siendo de humana invención y ordenación.
Ninguna ley u ordenación aparece haber sido dada por Cristo o la institución del día del Señor por el cual (Coleman se refiere al domingo equivocadamente) a la sustitución del primer día por el séptimo de la semana. Idem.
La observancia del día del Señor fue ordenado aunque y mientras tanto el sábado de los judíos era continuado; ni fue más tarde reemplazado, hasta que aquel adquirió la misma solemnidad e importancia que atañó, al principio al gran día el cual originalmente ordenó y santificó. Pero el tiempo y después el día del Señor fue plenamente establecido (en la Iglesia católica romana). La observancia del sábado de los judíos fue gradualmente suspendido, y finalmente declarado como “Herético” (por la iglesia papal). Idem.
CAPÍTULO 9

DEL SIGLO QUINTO AL SEXTO D.C.

La huída de la verdadera Iglesia al Desierto
Esto sucedió entre los años 500 al 600 D.C. en que la Iglesia de Dios fue penosamente oprimida por la religión del Estado, la que investida de poder civil la abrumó completamente y la esparció a los valles de las montañas en todas partes del mundo.
Ahora insertaremos algunos pocos hechos dignos de crédito de historiadores que nos muestran como los verdaderos seguidores de Jesús ciertamente fueron compelidos entre los desiertos, en donde tomaron refugio entre las rocas, barrancos y cavernas de la tierra, con todo ello se regocijaron al ser perseguidos y vivieron en la más humilde obediencia a la voluntad de Dios, siendo mantenidos por Él, mediante su Palabra.
El historiador Jones nos da un resumen de la huída de los perseguidos santos, por la opresión de la Iglesia romana sentada sobre la bestia romana, su resumen es el siguiente: “Por doquiera multitudes huyeron cual inocentes e indefensas ovejas ante esos lobos devoradores. Allí cruzaron los Alpes y viajaron a diferentes direcciones como la providencia y perspectiva de seguridad les condujo así: Hacia Alemania, Inglaterra, Francia y otros lugares. Allí guarecieron sus lámparas y resplandecieron con más brillo. Su prédica por doquiera cautivó la atención y su doctrina formó un creciente número en su derredor. La tormenta que amansó su destrucción solamente sirvió para esparcir la preciosa simiente de la gloriosa reformación de la Iglesia Cristiana”. Jone´s Church History, p. 208, Ed. 1937.
MORADORES DE LOS VALLES – VAUDOIS
Los fugitivos cristianos, quienes escaparon de la ira de la Iglesia y del Estado romano, encontraron un cielo en las montañas y valles del norte de Italia, y en el sur de Francia en su mayor parte, aunque muchos huyeron a todas las naciones en donde encontraron protección frente a la persecución del papado. No obstante a aquellos cristianos fueron conocidos por varias razones en sus nuevos hogares, con todo el nombre predominante que se les aplicó, y por el cual más se les conoció fue el de “Vaudios” que quiere decir en su lengua nativa “moradores de los valles” o lo que es lo mismo Vaudios.
Los Vaudois, conocidos así por el mundo pero aferrados al verdadero nombre de la Biblia, fueron perseguidos a causa de su verdadera fe. Observaron el séptimo día de la semana, de conformidad con el mandamiento, bautizando a los creyentes por inmersión y guardando la Pascua o Cena del Señor solo una vez en el año en el primer mes. Véase pags. 348, 349 Persecutions and Atrocities on the Baudios.
Gilly dice que estos antiguos “moradores de los valles” quienes tuvieron que huir ante la ira de la Iglesia Papal, en estos primeros siglos, y que fueron encontrados todavía, permaneciendo bajo la protección del Todopoderoso en los desiertos Valdenses en el siglo décimo tercero.
Ellos ocuparon un distrito montañoso, y aún desde ese apartado lugar, diseminaron sus doctrinas, cuya influencia es sentida en la más refinada y civilizada parte de Europa. Ellos hablan el mismo lenguaje, tienen los mismos hábitos patriarcales y virtuosa sencillez la que se conoce haber existido allí por hace más de mil años. Profesan constituir el remanente de la primitiva y pura Iglesia de Dios, y quienes quisieron inquirir en esos derechos, no podrán mostrar tanto por la historia como por la tradición, que ellos haya sido suscritos a los ritos papales o el de haber reverenciado a alguno de los ídolos de la Iglesia Romana.
En brevedad allí no hay otro camino de explicación político, moral y fenómeno religioso por el cual los Vaudois han continuado extendiéndose así por muchos siglos, a no ser por la interposición de la Providencia, la cual ha escogido en ellos lo más flaco del mundo para confundir las cosas más grandes. Gilly, Excursions to Piedmont, pp. 259.
Del susodicho testimonio recogemos que los Vaudois, quienes habitaron esos mismos valles por sobre un millar de años, y por el que ellos hacen la demanda que no puede disputárseles, que ellos constituyeron el residuo, el verdadero remanente de la verdadera Iglesia de Dios, quien tuvo que huir entre el desierto. Debemos notar también que ninguna historia puede mostrarnos a estos Santos de Dios, haber pertenecido al rebaño de la Iglesia Católica, nunca, pero en cambio si, el haber estado de ellos separada mostrándonos su brillante luz, a través de las negras horas de la edad oscura.
CAPÍTULO 10

DEL SIGLO SEXTO AL SÉPTIMO D.C.

La Iglesia de Dios esparcida en el Exterior
Ahora trataremos de trazar la dispersión general de la Iglesia de Dios y como fue esparcida a través de varios países de Europa y Asia, durante su experiencia en el desierto por 1260 años. Hallamos la identificación de la verdadera iglesia, en ambas cosas, el nombre y doctrina, esparcida desde Palestina a España, y desde el valle de Piamonte en Italia a Escocia, Irlanda e Inglaterra.
Como ya hemos mostrado que aquel pueblo rindió honra a la verdadera fe, y sosteniendo su nombre escritural fueron llamados por el mundo, Valdenses, Vaudois Enriquistas, Publicanos, Lombardistas, Albigenses, y también de otros nombres que se derivaron de sus predicadores, quienes los dirigían, así como por el nombre del campo de donde eran expulsados, pero ellos repudiaron tales nombres, llamándose a sí mismos: LA IGLESIA DE DIOS.
Los extractos siguientes, procedentes de numerosos escritores nos ampliarán más adelante los hechos que este trabajo ha tratado de sacar para mostrarnos por ejemplo: Que la verdadera Iglesia, con su verdadero nombre y doctrina ha sido preservada por el poder del cielo y guardada por nuestro Señor en el desierto como él lo dijera, por el período profético de dos mil doscientos sesenta años, dados en Apocalipsis 12 al 14.
En verdad, desde las fronteras de España, a través de gran parte del sur de Francia, entre y debajo de los Alpes, a lo largo del Rhin, así como en Bohemia, millares de los discípulos de Cristo, como más adelante lo demostraremos, fueron hallados así en el peor de todos los tiempos, preservando la fe de su pureza, apegándose a la sencillez del culto Cristiano, sufriendo pacientemente la cruz después de Cristo, hombres distinguidos por su temor a Dios y obediencia a su voluntad, y perseguidos únicamente por causa de su justicia. Jone´s Church History, p. 187.
En la historia de Hugo Smith del siglo séptimo, encontramos la declaración en la página 191, como sigue: Misioneros procedentes de Bretaña, Escocia e Irlanda, viajaron al interior de Gemania con el único propósito de diseminar o mantener el Cristianismo”.
El historiador más adelante dice: en la página 201: El año 692 de Justiniano II, llamó al sexto Concilio general a efectuarse en Constantinopla, como una orden imperial de Roma, el dice: Este Concilio, entre varias reglas de disciplina, fue así favorable para el matrimonio del clero, como la separación de aquellos de la orden clerical, quienes antes fueron casados, separándose de sus esposas, contrario al mandamiento de Cristo, fue también condenados los sábados.
Podemos notar que en este siglo hubieron muchos cristianos observando el sábado (séptimo día de la semana) tanto que este Concilio también encontró necesario legislar en su contra.
La verdadera Iglesia de Dios es identificada más adelante en este tiempo por lo siguiente: “Los Paulicianos fueron indudablemente la más numerosa secta de este siglo (600 a 700 D.C.). De acuerdo a la opinión de algunos célebres escritores, esta secta fue así llamada por su adhesión a las enseñanzas del apóstol Pablo. Los nombres de las Iglesias apostólicas fueron aplicadas a sus congregaciones. Los maestros fueron distinguidos por sus nombres escriturales, por su fervor y sus conocimientos, y por la austeridad y sencillez de sus vidas.
Dondequiera, ellos pronto fueron envueltos en los horrores de la persecución, bajo el reinado de Teodoro, 100,000 fueron extirpados. Hugo Smith Church History, pp. 216, 217.
Él dice más adelante que ellos “desplegaron hacia el occidente y diseminaron un secreto, continuo y poderoso descontento entre los piadosos en contra de la Iglesia de Roma, y asentaron en Bulgaria, Italia, y en las provincias del Sur de Francia, entre los Albigeois”, estos cristianos fueron llamados así después de su establecimiento, estos nombres por los que fueron comúnmente conocidos, como sea, son solamente términos aplicados a ellos por el mundo, pues los Albigenses fueron la misma secta como los Valdenses, quienes fueron conocidos dentro de ellos mismos por el nombre bíblico la Iglesia de Dios.
En el séptimo siglo, los verdaderos cristianos fueron compelidos a continuar su huída de país a país, huyendo frente a la persecución del surgente poder papal.
En el final del presente siglo, del papa Gregorio, operó sobre la creación de una sociedad para la destrucción del verdadero pueblo de Dios, este papa escribió a dos obispos africanos, requiriéndoles para que se esforzaran a sí mismos en todo lo posible para suprimir a todos su oponentes que se atrevieran a diferir con ellos.
En el principio del siglo séptimo se supone que este pueblo del que el mundo no era digno, emigraron al interior de España e Italia procedentes de países asiáticos, entremezclándose con los paganos en el interior y adorando al Redentor como las circunstancias se los permitieran. Por la manera en que tenían sus reuniones en las cavernas y barrancos de las montañas para la celebración de sus cultos, recibieron el nombre de MONTENSES, o Mountaineers. Orchards, History of the Baptist, pp. 101, 102.
Los disidentes continuaron siendo esparcidos por todo el imperio, confiando en la providencia para la libertad de su adoración. Su historia es larga y ha previsto dificultad a muchos, su clerecía siempre fue dificultosa, pero nunca se intentó su conversión. Muchos emperadores fueron indiferentes hacia ellos, otros les apreciaron y otros les persiguieron. Idem p. 126.
Tenemos auténtica evidencia en los escritos del apóstol Pablo que él predicó el evangelio de Cristo en Ilyrico, y que Tito visitó Dalmacia; de aquí a Bohemia se deduce que el Evangelio fue predicado en toda la región de Eslavonia en la primera época del cristianismo.
Ellos dicen también que Jerónimo, quien fue nativo de Stridon una ciudad de Dalmacia, tradujo las Escrituras a su lengua nativa (por el año 378 D.C.) y que todas las naciones que es de Eslavonia, los Rusos, los Valacos, los Bohemios y los Vaudois, usan esa traducción hasta el día de hoy. Idem. P. 230.
Sus enemigos confirman su gran antigüedad. Reinerius Saccho, un inquisidor y uno de sus más implacables enemigos, quien vivió solamente ocho años después de Waldo, admite que estos Valdenses florecieron unos 500 años antes de este predicador (Waldo) (600).
Gretzer, el jesuita, quien también escribió contra los Valdenses, y ha examinado al sujeto plenamente, no solamente admite su gran antigüedad, sino también su firme creencia que: “Los Toulosians y los Albigenses” no fueron otros sino los mismo Valdenses. En efecto, sus doctrinas, disciplinas, gobierno, maneras y da uno de los errores con los cuales se les refuta (por los católicos romanos) muestra que los Albigenses y los Valdenses fueron dos ramas aunque no distintas de la misma secta o que el uno se derivó del otro. Dr. Rankin´s History of France, Vol. III, p. 198, 202; Jones Church History, p. 233.
El terreno tocado por los Vaudois, Waldenses, parecía llenar un encanto cuando este abría su seno para dar diez veces más su reproducción. Las viñas cuidadas por las manos de los Vaudois, produjeron ricos racimos, compitiendo en generosidad y rivalidad con los higos y los olivos, para sobrepujar en enriquecimiento a la producción de los Vaudois.
Y cuan deliciosa la quietud y el orden de sus poblados y el aire de felicidad reflejado en el rostro de aquel pueblo. Y cuan dulce el escuchar el balido de sus rebaños sobre las colinas, el mugido de sus ganados en las praderas, el canto de los segadores y de los vendimiadores, y la alegría en las voces de los niños que juegan alrededor de los villorrios y caceríos. Wylle, History of the Waldenses, p. 106.
En una confesión de su fe, uno de los miembros de los Waldenses, declara así su fe: “Declarando que ellos profesan la doctrina contenida en el Antiguo y en el Nuevo Testamento, comprendida en el credo de los apóstoles, y admiten los sacramentos instituidos por Cristo, y los Diez Mandamientos, etc... Aseguran haber recibido esa doctrina de sus ancestros, y que si ellos estuvieran en algún error, estarían prestos a recibir instrucción de parte de la Palabra de Dios. Jone´s Church History, p. 355, Ed. 1837.
Theodore Beza, contemporáneo y colega de Calvino, dice: En cuanto a los Waldenses, yo podría permitirme el llamarles la verdadera semilla de la primitiva y pura Iglesia Cristiana. Y en cuanto a su religión, ellos jamás se adhirieron a la superstición papal. Id. Pp. 263-264.
Reimer dice: Los Waldenses fueron muy antiguos, y datan su credo y práctica, desde el año 300 D.C. son más antiguos que Waldo Meter, el rico comerciante de Lyon. Sismondi, History of the Crusades Against Albigenses, London.
En Languedoc, los católicos afirmaron que el origen de estos herejes era reciente y que ellos derivaron su nombre de Vaudois o Waldenses, procedentes de Meter Waldo, uno de sus bardos o predicadores y que inmediatamente sus seguidores fueron llamados Waldenses. Pero más bien esto fue la renovación del hombre, por una causa particular, más que su nombre original.
Por consiguiente hay que considerar que Meter Waldo, predicó solamente sobre el distrito de Francia, pues hubo en otros distritos, ramas de esta secta original, como el Delfinado (Dauphine) fueron de un notable predicador llamado Josefistas (Hosephista) en Languedoc, ellos fueron llamados Enriquistas (Henricians) y en otras provincias, de Meter Bryuys, fueron llamados Petrobrucians, algunas, veces ellos recibieron el nombre a causa de sus maneras como: “Catharists” (Puritanos) y de los campos extranjeros de donde se presumía haber sido expulsados, ellos fueron llamados Bulgarians o Bougres.
En Italia comúnmente fueron llamados FRATRICELIE, esto es: “Hombre de la Fraternidad” por cuanto cultivaban un amor fraternal dentro de ellos mismos, reconociéndose el uno con el otro como hermanos en Cristo. Algunas veces se les denominó Paulicians y por corrupción de palabra: “Paulicanos” considerándoseles como un brote de aquella antigua secta, la cual en el siglo séptimo se extendió sobre Armenia y Tracia, y la cual, cuando perseguido por el Emperador Griego, emigraron al interior de Europa, y se mezclaron con los Waldenses de Piamonte.
Otras veces se les denominaron por el campo o ciudad en la cual ellos prevalecieron, así como: LOMBARDISTAS, TOULOUSIANS y ALBIGENSES. Estas ramas, como sea brotaron de un mismo tronco, y fueron animados por los mismos principios morales y religiosos. Jone´s Church History, p. 238.

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